Hay un gran temor a la inflación y no tanto a la deflación. Pero es por desconocimiento de los efectos perniciosos de la deflación. La voracidad del Estado en crear moneda de la nada, lleva como consecuencia a periodos inflacionistas, así que estamos “acostumbrados”. Pero el hecho contrario, la deflación, no la hemos vivido apenas en las sociedades modernas recientes. ¿Por qué es tan perniciosa?

En periodos de deflación la bajada generalizada de precios se anticipa por los agentes económicos, exactamente igual que con la inflación pero en sentido contrario.

El proceso deflacionario, una vez iniciado, se retroalimenta y resulta difícil de parar. Ante la expectativa de precios a la baja continuados, los comerciantes tienden lógicamente a vender hoy a precios más altos que los que habrá mañana y los consumidores a comprar mañana en lugar de hoy, ante la previsión de precios más bajos. En esta diabólica dinámica que se retroalimenta, el que vende más pronto sale ganando al igual que el que compra más tarde. Los comerciantes no acopian mercancías en sus almacenes, esperando a su vez bajadas de precios en los productos que compran, además de anticipar el retraso de las compras de los consumidores. El efecto sobre la producción es inmediato; ¿Qué fábrica produce para no poder vender? Ninguna. El proceso termina en parálisis de la producción y del consumo, con precios más bajos, pero con paro elevado.

¿Cuándo termina el proceso? Una vez los precios bajan, el paro aumenta, la demanda cae…debe iniciarse un proceso de autoajuste que hace que se equilibre la oferta con la demanda. A niveles inferiores a los iniciales, pero de equilibrio al fin y al cabo. Salvo que el mercado no tenga mecanismos de ajuste automático que garanticen ese equilibrio. Por ejemplo, si los salarios son rígidos a la baja y el coste de actualizar el factor trabajo a una producción menor es muy elevado (despidos con cotes desproporcionados) muchas empresas terminan por cerrar y retrasan considerablemente la posible recuperación. En situaciones así, con una demanda hundida, hay que estimular a que el ahorro acumulado se transforme en gasto. Se ha visto en medios de comunicación alentar por parte del gobierno USA al consumidor con su famoso; “Buy something” (“compre algo”).

Es otro claro ejemplo de cómo la moneda, aparentemente neutral, está íntimamente conectada con la economía real o de la producción. (ver Luis Olariaga, “Teoría del Dinero”, colección moneda y crédito 1947, páginas 150 a 155).

Nadie como Keynes para destacar este aspecto del dinero y su influencia, que lo convierte en mucho más que un mero “medio” o “instrumento” de la economía. El dinero es más que el aceite del motor de un coche, forma parte del motor tanto como sus válvulas, inyectores, carburador, engranajes y demás mecanismos.

El sistema Patrón-0ro impone disciplina, es cierto. Pero también es un corsé que puede restringir el crecimiento económico si no es capaz de garantizar adecuadamente el nivel de moneda papel necesario para engrasar las transacciones económicas. Mucha moneda fíat es malo, pero poca moneda fíat también lo es.

La sustitución del patrón-oro por el patrón-dólar funcionó durante un tiempo, pero al final la inflación de la guerra de Vietnam y el déficit comercial americano terminaron por hacer imposible su mantenimiento.

Eso no es óbice para negar un papel importante del oro en la economía, Sigue siendo lo que siempre ha sido, el ultimo refugio en caso de hundimiento (como los diamantes, que cierran las puertas a la pobreza si hay que salir corriendo a cualquier sitio si el sistema colapsa, y basta un poco sitio en el bolsillo para llevarlos, no maletas a rebosar de billetes).

El malvado George Soros invierte enormes cantidades en oro a través de su Hedge Fund; “Soros Fondo Management”. Por algo será. También acumulan oro los dos grandes productores y consumidores del mundo; China y la India. ¿Es que temen que el sistema de pagos internacional colapse en un futuro cercano? ¿Acaso la locura de la impresión desenfrenada de moneda está a punto de tocar techo y alguien que sabe mucho más que el resto de los mortales está tomando posiciones ante el pandemónium que se avecina?

Inquietante pregunta, con una más que inquietante respuesta.

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